Adoptar sin idealizar: así fue conocer a Brad

Hay decisiones que sabes que van a cambiar tu día a día, aunque todavía no tengas claro hasta qué punto.

Adoptar a Brad ha sido una de ellas.

Y lo curioso es que escribo esto justo después de haber ido a conocerlo por primera vez, todavía con esa sensación reciente de “esto ya es real”, pero también con muchas preguntas en la cabeza.

Porque sí, he tenido relación con perros toda mi vida… pero esto es diferente.

De pequeño, cuando iba a la aldea, los perros siempre estaban ahí. Los de mi abuelo, los de vecinos, los de amigos… formaban parte del entorno, de ese día a día más natural donde los animales no eran “algo especial”, sino simplemente parte de la vida.

Recuerdo perfectamente esa sensación de libertad, de estar fuera, de jugar, de correr, de construir cosas y tener siempre algún perro cerca.

Pero claro, una cosa es estar con perros en ese contexto y otra muy distinta es que uno de ellos pase a ser tu responsabilidad directa, que viva contigo y dependa de ti.

Ahí cambia todo.

La gran decisión de adoptar

Todo esto viene de la decisión que tomamos Mireia y yo. Estamos en ese punto de dar un paso más en nuestra vida juntos, de empezar a construir algo más estable, más nuestro… y en medio de todo eso apareció la idea de adoptar.

No como algo impulsivo sino como algo que encajaba, que tenía sentido y empezamos a buscar. Sin saber muy bien cómo acabaría.

Y entonces apareció Brad. Un galgo español de 3 años que ha sido corredor. Solo con eso ya sabes que no vienes a una historia “sencilla”.

Es un animal con pasado, con experiencias que no conoces del todo y que, de alguna manera, han marcado su forma de ser y se nota.

El primer encuentro

Fui a San Sebastián a conocerlo.

Mireia ya lo había ido a buscar a Burgos unas semanas antes, así que ella ya había vivido ese primer impacto, para mí era el momento de verdad.

Iba con cierta mezcla de ilusión y respeto, porque no sabía qué me iba a encontrar y lo que me encontré fue un perro… con miedo.

No hubo ese momento de conexión instantánea que muchas veces imaginas, nada de eso. Brad estaba distante, observando, midiendo y en ese momento entendí algo importante.

Esto no va de mí.

Estamos muy acostumbrados a querer que las cosas encajen rápido, que haya feeling inmediato y que todo fluya. Pero con Brad no es así y probablemente eso sea lo que más me ha hecho pensar.

Porque aquí no puedes forzar nada, no puedes pretender que un perro con su historia confíe en ti en dos horas, tienes que ganártelo y eso implica tiempo, paciencia y, sobre todo, entender que cada pequeño paso cuenta.

El futuro con Brad

Mientras estaba allí, hubo un momento en el que me di cuenta de algo bastante claro. Este va a ser mi primer perro de verdad, uno con el que voy a convivir con todas las implicaciones que tiene.

Todavía no vivimos juntos en esa casa que tenemos en mente, estamos en ese proceso de cambio, de transición, de decisiones que se van encajando poco a poco, pero Brad ya está aquí y de alguna manera, siento que ha llegado antes que todo lo demás por una razón.

Como si fuese el inicio real de esta nueva etapa.

Una intuición

Hay algo que sí tengo claro después de conocerlo, esto no va a ser una historia rápida pero probablemente por eso mismo va a ser más real, de las que dejan huella.

Y aunque ahora mismo Brad no lo sepa, y yo tampoco del todo…

Creo que nos vamos a enseñar bastante el uno al otro.