A lo largo de este año he empezado a meterme de lleno en el mundo del IRC, no solo como usuario, sino intentando entender cómo funciona una red por dentro. Al principio era curiosidad, pero poco a poco fue convirtiéndose en algo más serio. No me bastaba con conectarme a servidores ajenos; quería saber qué pasaba detrás, cómo se organizaban, cómo se mantenían y qué hacía que una comunidad funcionara o se rompiera.
Así nació Percent Networks. No fue una decisión especialmente planificada, sino la consecuencia natural de ir probando cosas y darme cuenta de que podía montar algo propio. Empecé con lo básico, configurando servidores y aprendiendo a lidiar con los primeros problemas técnicos. Cada ajuste, cada cambio en la configuración, tenía un efecto inmediato en la estabilidad de la red y en la experiencia de quienes se conectaban.
El software que utilicé fue UnrealIRCd, principalmente porque era flexible y me permitía experimentar sin demasiadas restricciones. Al principio todo era ensayo y error. Había que reiniciar servicios, revisar logs y aceptar que muchas cosas no salían a la primera. Aun así, cada vez que la red se mantenía en pie durante horas sin caerse, la sensación era de avance real.
Percent Networks empezó a atraer a gente poco a poco. No eran grandes números, pero sí suficientes como para notar que aquello ya no era solo un experimento técnico. Aparecieron los primeros conflictos, las dudas sobre normas, la necesidad de organizar roles y de tomar decisiones que afectaban a más personas de las que esperaba. La red dejaba de ser solo mía para convertirse en algo compartido.
Compaginar todo esto con la universidad no siempre era sencillo. Había días en los que pasaba más tiempo pensando en la red que en las clases, intentando resolver problemas técnicos o mejorar la estabilidad. Aun así, no lo sentía como una distracción, sino como otra forma de aprender, quizá más directa y menos académica.
Montar Percent Networks me hizo entender que las redes no son solo cuestión de servidores y líneas de configuración. Son espacios sociales con dinámicas propias, donde la parte técnica y la humana están completamente entrelazadas. No sabía todavía hasta dónde podía llegar todo esto, pero tenía claro que quería seguir explorándolo.